martes, 17 de junio de 2008

Voy a relatar vivencias de 1935 a 1939. De estos años solo del último puedo conservar alguna cosa que me impactara profundamente, ya que de lo cotidiano no llega a grabarse en la memoria. Citaré algunas cosas relativas a mi familia que conviene saber con antelación a los hechos y así evitaremos tenerlas que explicar cuando se sucedan para que no se corte el relato. Si bien en principio me sitúo en Alcantarilla (Murcia), de donde también procede toda mi familia paterna, no así mi madre que al casarse abandonó su pueblo y su familia (padre y hermana mayor casada), todos ellos de La Bisbal d'Empordà (Gerona). A pesar de la distancia y los pocos medios que en aquel entonces había, cada verano iban a pasar un mes con ellos en la playa (Tamariu) en la Costa Brava; mi abuelo alquilaba una casa y en tartana se desplazaban allí. Así pasó que el año 1936, que yo tenia un año y meses, nos pilló el comienzo de la guerra, y al intentar volver a Alcantarilla hubo muchas complicaciones; gracias a un salvoconducto que nos consiguió el marido de mi tía Piedad, pudimos regresar. Los años de la guerra fueron complicados: a mi padre lo movilizaron y nos quedamos solos; gracias que en Alcantarilla vivían dos hermanas de mi padre y una de ellas, Encarna, su vivienda estaba junto a la nuestra. En estas condiciones estuvo mi madre y gracias a las ayudas que recibía de su padre, pasamos los años de guerra.
La casa de Alcantarilla era una buena casa. Mirando la fachada, de frente en los bajos había la oficina de La Alsina Graells, autobuses que cubrían los viajes de Murcia para las provincias de Almería y Granada y la línea de Alcantarilla a Murcia cada media hora. A continuación había un bar que ocupaba desde la calle hasta el fondo de la casa y con un patio con cocina y lavabos. Siempre había gran actividad, pues servía de espera a los viajeros que iban y venían, los viernes que había feria de ganado resultaba muy concurrido. A continuación del bar estaba la entrada de la casa, una gran entrada, pues estaba concebida para que entraran carruajes hasta llegar al enorme patio que comprendía desde la entrada al patio hasta la calle de abajo la paralela a la calle Mayor; calculo que de una calle a otra habría 100 metros o más. A la otra parte de la puerta había un almacén de muebles con escaparate para exponer, en tamaño simétrico al otro lado. Ahora vamos a los pisos: por la entrada se accedía por unas escaleras una a cada lado que arrancaban casi al final, después se encontraban en el centro en un descanso y de aquí en un tramo más ancho se llegaba hasta el nivel de los pisos. Las puertas durante el día se mantenían abiertas de par en par, a derecha e izquierda estaban las puertas de entrada a cada piso, mis padres y yo ocupábamos el de la derecha. La única diferencia que existía entre ellos, era el de una habitación centrada entre los dos pisos que daba a la calle y que tenia un mirador. Por lo demás, había dos habitaciones con ventanas y persianas que daban a la calle, dos habitaciones interiores con unos ventanucos en la parte superior que daban al salón comedor, el comedor con una gran puerta acristalada que daba a una terraza y a la izquierda de la terraza estaba la cocina y el baño; desde el comedor se pasaba a la cocina y de la cocina se pasaba al baño, el baño también tenía una puerta a la terraza.La orientación de la casa por la fachada era al noroeste, así que el sol daba a última hora de la tarde, en cambio por la otra parte el sol daba toda la mañana y tanto la terraza como el comedor resultaban muy luminosos y acogedores. He de añadir que la entrada de la casa siempre me dio miedo, cada vez que entraba era un suplicio, miraba adelante y atrás continuamente; al llegar a la escalera tampoco perdía de vista lo que dejaba atrás y los últimos peldaños los subía como si llevara un cohete, esto sucedía durante el día, por la noche a oscuras resultaba terrorífico si no encontraba a algún conocido que me encendiera la triste luz que había (porque no alcanzaba al interruptor) y al mismo tiempo me cubriera las espaldas. Todo salía de perlas si cuando llegaba a la puerta no estaba cerrada con el pasador, pues de lo contrario aporreaba la puerta sin cesar presa de pánico y con el temor de que me cogieran de un momento a otro. Cada segundo se hacía una eternidad. Mi tía Encarna siempre me preguntaba “si me perseguían los mengues”.

domingo, 15 de junio de 2008

martes, 3 de junio de 2008

1937 Recuerdos de mi infancia

De esta época lo más significativo y que tengo muy presente en la memoria, eran las comidas de mediodía. Las recuerdo más por el entorno que por la comida , pues en este año en plena guerra, de comer había poco y de apetecible nada; sólo recuerdo que era como una papilla oscura. Supe lo que era cuando ya me hice mayor y por las historias que se contaban por la familia. La tal papilla era a base de lentejas y migas de pan; el pan era una donación de ayuda a los niños que no se su procedencia , pero que había que ir a recoger con un carné de necesitado pues a los que consideraban que tenían posibles, no le hacían el citado documento, por cierto que yo no tenia derecho pero mi padre no sé como pero lo había falsificado. Como si no pudieras demostrar el hambre que llevabas, nadie decía que no si te ofrecían algo. Volviendo a las comidas, la papilla de lentejas y el escaso pan lo recuerdo como comida única, cada día era lo mismo, no se como me lo comía, no puedo decir que tuviera hambre y tampoco puedo apreciar el tiempo que tardaba, todo transcurría en un enorme patio donde solían pasar la tarde tomando el sol y haciendo costuras mi tía y sus hijas por una parte, y mi madre y yo por la otra, creo que entre todos me daban de comer, pues todo era ponerme la cuchara en la boca y salir corriendo a jugar por el patio que siempre me pareció grande y verdaderamente lo era, pues con el tiempo una vez pasada la guerra se convirtió en cine de verano y lugar de celebraciones, como verbenas y otros eventos. Así eran mis comidas cucharada y correr, solo paraba cuando algo me llamaba la atención, me gustaba ver las hormigas , eran negras y algunas tenían una gran cabeza, con el tiempo siendo más grande aprendí a irritarlas para que se pelearan y algunas conseguían cortarle la cabeza a su contrincante.Tambien buscaba caracoles entre las plantas que por allí había y corría detrás de las mariposas, los pájaros y palomas, creo que son cosas que todos los niños hacen, pero no tengo muy claro si yo lo hacia alegre por la comida ó huyendo de la misma.